Tal y como lo esperaba, Isaac Del Toro ganó su primera etapa en el Tour de Francia, en pleno debut, y tempranera, en el segundo tramo de la Grande Boucle de 2026. En el emblemático Montjuïc, el monte de los judíos, en Barcelona. Ese monte cuya altura el arquitecto Antoni Gaudí no quiso superar con su Sagrada Familia, porque «la obra de Dios no debe ser superada por la del hombre». Lo señalo, pues ese lugar debe y quedará inscrito en la historia del ciclismo mexicano y la memoria de quienes amamos este deporte.
Treinta y seis años después de la última victoria de un Mexicano en el Tour de Francia, el grande Raúl Alcalá, que estuvo ahí para verlo, y se dice feliz de ceder la estafeta.
Muchos señalaron que Tadej Pogačar, su jefe de filas y el mejor ciclista del momento, le cedió el triunfo. Es una simplificación. Ví más que eso, por unos instantes se puso de gregario de su gregario, controlando a los rivales, no lo combatió, no le esprintó, cubrió su llegada a meta. No es lo mismo que «regalar». Del Toro iba embalado, sencillamente no paró hasta cruzar la línea. Y Tadej, Tadeo, lo festejó como si fuera suyo, lo festejó envolviéndose en la enseña tricolor que arrebató a un espectador, mientras los demás coreaban «Pogy, hermano eres mexicano», en medio de una euforia propia del Ángel de la Independencia a pequeña escala.
«Creo que ayer fue uno de los momentos más importantes de mi carrera —dijo Pogačar—, Es un compañero de equipo y ahora lo considero un amigo».
Isaac del Toro atacó la última curva antes de meta —un poema para un póster—, como el que lleva prisa a su cita con la historia, trepidante, rebasó a dos de las referencias del ciclismo mundial, y aspirantes a la general del Tour: Thomas Vingegaard, que llevaba puesto el Maillot Jaune y a Remco Evenepoel, y, de paso, a su propio líder, con el impulso del que aspira a grandes metas. Tadej lo dejó pasar y fue cuando se puso a controlar la llegada.
Del Toro venía de superar una avería mecánica, faltando 60 Km para meta. Quedó varado a la orilla del camino viendo pasar de largo los autos de asistencia de su equipo. El auto de Visma un equipo rival, el de Vingegaard —a quien a la larga, derrotaría en meta—, paró para asistirlo, en una muestra de deportividad enorme, y que por cierto, es una violación a los artículos 12.1.013 y 2.3.023 del reglamento UCI: asistir a un rival está estrictamento prohibido. Luego, el auto de su equipo, regresó, violando otra norma por circular en sentido contrario a la carrera, fueron amonestados económicamente y con una tarjeta amarilla.

Este drama que pudo dejar a Del Toro fuera de competencia le hizo perder minutos vitales. Lo que contribuye a tornar en hazaña su triunfo de etapa, no solo que alcanzó la punta, si no que no paró hasta la línea de meta, pasando por encima de todos. Muy propio del animé japonés de ciclismo Yowamushi Pedal.
Los comentaristas y expertos extranjeros, y en especial los españoles, y claro, los sudamericanos, no dejaron de señalar, esta, como una gran victoria, entienden lo difícil que es una cosa así, que nadie te regala. Hay que saber venir de atrás, saber colocarse adelante, tener un hambre de triunfo enorme, y dejarte la piel en el intento. Al final la cara de asombro del propio Del Toro en meta, da testimonio del tamaño de logro que firmó. Increíble.
Junto con el triunfo de etapa, Isaac Del Toro se puso, por un día, la verde, el Maillot Vert, el del líder de la puntuación, propio de los sprinters. Y bueno, para un mexicano, qué más simbólico que eso. Eso sí, una prenda ganada a pedales, no una comprada en cualquier esquina o supermercado.

No sé si logrará más en este Tour de Francia o en los venideros, está bajo el manto del mejor ciclista del momento, a su servicio. El Tour tiene favoritos, a los que se dio el lujo de arrollar. Evenepoel dijo que no atacó «porque Del Toro y Pogačar iban muy rápido», bueno, era un sprint, que se estaba pensando. Como siempre, es el campeón de los pretextos. También estaban Ayuso y Seixas, sus rivales futuros, si es que Del Toro puede labrarse una carrera de líder en el futuro cercano, en este equipo o en otro que lo respalde.
A mi me gusta el ciclismo sin banderas, sin nacionalidad. Los ciclistas se vuelven héroes por sus hazañas individuales, independientemente de su patria. Lo que es más notable en el caso de un mexicano, aquí no tenemos las escuelas de ciclismo que hay en Europa, ni carreras de cadetes, ni una estructura de competencia estructurada y ascendente hasta la cima del World Tour.
Si, claro, hoy forma parte de una gran estructura deportiva, y comercial. Pero se lo ganó. Con esfuerzo individual, si, pero para ser honestoss, con el apoyo de mexicanos que aman este deporte, que dedican su esfuerzo contra vento y marea para dar oportunidades para competir a muchachos que quieren el ciclismo, como José Ascensión «Don Chón» Acevedo Castellanos y Arturo «El Werito» Ayala Alvarez, los hermanos Luis y Alejandro y Roberto Rodríguez Acevedo que crearon el AR Monex para llevar talento mexicano a Europa.
Cuando un mexicano triunfa de esta manera en una tierra ajena, donde es la cuna del ciclismo, con las carencias que superó en términos de apoyo deportivo institucional y organizado más allá de quienes ya mencioné, se me salieron las lágrimas de emoción.
